miércoles, 20 de mayo de 2009

La terrorífica historia del óvulo donado

Los verdaderos peligros de donar óvulos no es que te hormonen como si quisieran hacer de ti una fábrica de óvulos, ni que tienes que pasar por una mini-intervención, ni de que las incógnitas morales (no me cuentes cuentos, sólo se hace por dinero) te llevarían a una peligrosa explotación cabecil. No, el peligro no es ese.

Cuando donas un óvulo el tratamiento que reciben las receptoras son un poco chunguitas así que, por lo que tengo entendido, éstas viven en la misma zona geográfica que la donante. Añade eso a que se buscan óvulos de donantes que se parezca a las futuras receptoras para que así parezca que es una hija propia y no haya rechazo y demás.

Como somos criaturas algo narcisista a la hora de buscar pareja, que el óvulo (luego persona) vivirá por tu zona geográfica, que la edad entre tu óvulo convertido en persona y tus propios descendientes no será mucha, que además los embriones se pueden congelar y utilizar años después para tener más hijo, etc. Imagínate a tu óvulo ennoviándose con tus hijos y... ¡Tachán! Ya tenemos una tragedia griega.

Ya lo sé, vaya paraonia con lotería poco probable pero que sea poco probable que te caiga un rayo no significa que a nadie le caiga un rayo, ¿o os habéis olvidado del anciano de El extraño caso de Benjamin Button? Vale, es ficción pero pensad en el caso de los hermanos Daniel y Rosa Moya Peña que no se enteraron de que eran hermanos hasta después de casados...

1 comentarios:

Chamaleonic dijo...

Me encantó oír la historia por teléfono. El énfasis que Melanie le da a las cosas hace que sea verdaderamente terrorífico... y ridículo a la vez. No sé qué es peor, supongo que la mezcla de ambas cosas.

Publicar un comentario